lunes, 15 de febrero de 2010

Vacío.

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Sobre el sofá yacía ella mientras él la contemplaba. Se fijaba una y otra vez en sus dulces detalles, mientras el sol sale a escena. Él con su tazón de café en las manos esperaba a que ella se despertara poco a poco como siempre había hecho hasta el momento. Comenzaba a moverse, su mano recorría el sofá hasta llegar a su cara y se desperezaba, abría un ojo y lo volvía a cerrar, luego abría lentamente los dos hasta habituarse a la luz, y cuando ya lo conseguía y lo veía a él con nitidez le regalaba una de sus grandes sonrisas y un buenos días. Ella se percataba del agrio olor a café que tanto le gustaba de mañana y antes de que le diera tiempo a reaccionar él ya le había dado su beso más tierno y dulce, el del despertar. Seguidamente caminaba hasta la cocina vestido con solo un calzoncillo para llenar otra taza; mientas tanto, ella se vestía la camisa que le había arrancado la noche anterior a él...
Pero todo había cambiado, ella ya no estaba, los huecos que se encontraban en todo el apartamento combinaban con el vacío que lo embargaba, hacían más mecha en su dolor. Solo, sentado en ese mismo sofá, con una taza de café en las manos veía a traves de la ventana como el sol se escondía bajo las terrazas de los edificios vecinos. Mientras, otra noche más en vela seguiría pensando en ella.