martes, 24 de noviembre de 2009

Autobús.

- Besarte a media luz...
- ¿Eso es lo que realmente quieres?
- Te vi, ¿te acuerdas? Un martes que parecía ser un día como otro cualquiera en el calendario, justo después del lunes y antes del miércoles; quién lo diría... Sin embargo, fue gracias a un pequeño detalle que sucedió, se tornó en especial. Salía 10 minutos más tarde de lo habitual, lo que hizo que cogiese el siguiente autobús. Era un día soleado, me senté en el sitio de siempre, saqué las gafas de sol y me puso los cascos. Comenzó el traqueteo normal y de golpe un frenazo; todo por culpa de un maldito chico que llegaba tarde, suerte que el conductor era amable y lo esperó. Quería ver la cara de aquél que estaba haciendo que pasaran los minutos y que aumentara el tiempo de mi tardanza, levanté la mirada... y ahí estabas tú, cabizbajo, con tus ojos verdes y tu media sonrisa diciéndole justo al chico que estaba sentado delante mía que por nada no llegabas...
- Así que la primera vez que me viste, ¿me odiaste?
- Simplemente empecé a sentir por ti algo indescifrable.
- Quizá pueda ayudarte a resolver la incógnita, porque también me acuerdo de ese día y he de decir que tu llegaste a mi; soy olvidadizo y descuidado, siempre llego tarde... es algo habitual, aquél era mi autobús. Te convertiste en la x de mi función, deduzco que la y es todo lo que siento ¿ Tú qué crees?
- Que deberías de dejar las matemáticas a un lado y besarme a media luz...

viernes, 20 de noviembre de 2009

Recuerdos.

Recuerdos que permanecen por mucho que pase el tiempo, por mucho que llueva y las gotas de agua intenten desprenderte de ellos, siempre estan ahí, intentas que desaparezcan, borrarlos de tu mente, pero es imposible olvidar cada uno de los detalles, cada una de las experiencias vividas... algunas buenas, otras mal, y otras peores, pero todas ellas partes de tu vida, permanecen, se marchitan y cuando menos te lo esperas reviven, se vuelven a convertir en una linda flor, que admiras, que hueles, que sientes... hasta que vuelve a caer en el olvido, a la espera de que por un simple olor, sabor, palabra, mirada o gesto... salga a la luz de nuevo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Playa.

Una, dos, tres, cuatro... gotas contra el cristal del coche, caen poco a poco por la ventana, hacen, deshacen y rehacen caminos sobre la superficie y desde dentro del coche los voy siguiendo ligeramente con la punta de los dedos, se escucha una canción al fondo, se que es dentro del coche pero me sumerjo tanto en ella que se convierte en mi banda sonora particular de ese pequeño instante. Y de repente desconecto de mi misma, me hablan, buscan mi respuesta pero... la luz anaranjada de la farola alumbra nuestros rasgos y a las pequeñas olas que se van formando al llegar el agua a la orilla. Si me fijo un poco consigo apreciar como más adelante una fuente pierde su sentido; mientras, el agua que sale de ella se desparrama por el suelo y yo culpo al viento.
A lo lejos dos aventureros pasean por la orilla, siento una ráfaga de aire contra el parabrisas y me vuelve a inundar esa sensación, vuelvo a desaparecer, otra nueva canción y el mismo sentimiento: la arena, el agua, el olor del mar, el viento, la farola y yo. Alguien grita a lo lejos, me vuelve a interrumpir, proviene de cualquier otro coche del aparcamiento o de la misma playa, sin embargo la oscuridad de la noche los esconde y el fuerte vendaval amortigua sus palabras, se confunden con el ruido del viento, y siguen ahí; si cierro un poco los ojos puedo descubrir la oscuridad de sus cuerpos a través de las ventanas, puedo reconocer sus sombras a lo lejos por el paseo.
Vuelvo a irme, corro, aquella playa me lleva a tantos mundos distintos: aquel de cuando era pequeña y paseaba disfrazada de payaso, aquellas hogueras de celebración y despedida, aquellas miradas, aquellas fotos en las que pretendíamos coger el gran sol con nuestras pequeñas manos, aquellos brazos tan pequeños que daban unos abrazos tan grandes... de nuevo estoy despierta, es invierno, llueve, ojalá tronara (eso me relajaría), otra canción suena y esta es la definitiva, es la música; Se une con el ruido de las gotas de lluvia que tropiezan contra el coche y con mis propios sollozos. Una, dos, tres, cuatro... sigue lloviendo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Se fué.


La indiferencia se mostraba en sus ojos como si de una ventana abierta se tratase, a pesar de ello él nunca perdió la esperanza, le escribía mil poemas diarios, soñaba con ella a cada segundo, si se perdía en su imagen un minuto el tiempo se convertía en un año...; sin embargo, ella definitivamente lo perdió a él. Poco a poco dejó de existir para ser la sombra de ella y poco a poco se consumió hasta ser sólo una parte de su amada. Desaparecieron su identidad, sus ideales, sus sentimientos, su tacto, su sufrimiento...; y pasaron a pertenecer a ella, sin ella saberlo jamas; él nunca volvió a ser él, enloqueció de amor por ella, pero eso no fue suficiente. Él sigue soñando con un beso, ella sigue yorando sin saber a quién.
Porque no llega con amar hasta morir, hay que vivir para llegar a amar.