domingo, 5 de septiembre de 2010

Cuatro.


Y a la cuarta va la vencida. Me prometías que te portarías bien, me pedías que no te hiciese daño. Me susurrabas te quieros y que no te olvidase. Somos perfectos entre la multitud, olvidándonos del resto del mundo en un beso, creando algo nuevo; me haces sentir todo lo que creía haber olvidado y cada día te voy queriendo un poquito más aun y te voy echando de menos con cada minuto sin verte. Mientras tanto tu voz me recuerda que no te has ido, que sigues junto a mi, deshaciendo distancias kilométricas. Tu foto en mi cartera y tu número en mi teléfono. Te prometí que no te haría daño y que no te olvidaría, sigo haciéndolo, y ahora digo más. Te aseguro que no sales de mi cabeza, que te tengo siempre presente, que sueño contigo y que me muero por verte. Pero sobre todo que te quiero, susurrártelo entrelazados con un beso. Como un trébol de cuatro hojas, como un cuatro de septiembre. Mi suerte eres tú.