lunes, 7 de febrero de 2011

Humedades.


Tormentas de verano. Se empapa el edredón. La arena se arremolina contra el espigón. El mar grita mi nombre, susurra en mi oído. La espuma de las olas muere en las rocas, dejan que me roces. Arden con cada vaivén de la marea. El rugir de las olas al caer sobre la playa. El viento nos eriza la piel. No somos cristales domados por la salitre. Cuevas profundas, agua embravecida golpea con pasión la piel. El sonido del mar libre y revuelto. La cama deshecha. Pequeñas gotas de sudor. Ahora viene la calma del amor. Despeja una sonrisa. Besos que merman las olas. Caricias que aumentan el nivel del mar. Suena la brisa de una canción.

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