domingo, 10 de enero de 2010

Tango.


Rápido, rápido, lento; rápido, rápido, lento...
Suena un violín desgarrador, acompaña nuestros pasos, nuestra historia, nuestra vida... con cada compás recuerdos buenos y malos, lloros y sonrisas.
Tango arrabalero de los bajos fondos de Buenos Aires, puro sentimiento sin cortar, se mezcla con el ruido del viento contra la ventana. Allí estamos los dos, tus manos rodeándome, mis piernas se cruzan, descruzan y trazan las caricias que desvelan nuestras miradas... Música de traición, de dolor y de pasión; reflejo de lo que fuimos... incontrolados sentimientos que nos cegaban, no nos permitían reconocer todo aquello que éramos y formábamos.
Las mentiras crecían y crecían hasta que no pudimos más y nos abandonamos a nuestros propios destinos. Sin embargo cada vez que suenan esos compases nos devuelven a aquel apartamento donde nos deshacíamos en caricias, la distancia que nos separa se acorta y todo vuelve a ser como fue...
A pesar de las mentiras eramos felices recreándonos en aquellos sentimientos... Visto ahora solo formábamos parte de una gran falacia inventada por nosotros mismos, un mundo donde escondernos; no nos hacía daño y al mismo tiempo sabíamos que no era bueno... pero éramos felices en nuestro propio escondite, donde solo estábamos nosotros y aquel tango.

1 comentario:

Shopaholic dijo...

Precioso. Me encanta como escribes. Creo que el tango es el único que baile que me encantaría dominar...

Un beso!